No hay palabras de aliento.
Llegó el viento sofocado,
aplastó cualquier cuento.
No hay fuerza, no hay contacto.
Troto para llevarte al pulso de la vida,
oxigenar tus ideas perdidas.
Pero aquella carga, entre creer y no,
arrastra las palabras a ser escondidas.
No soy honesto, no te cuento lo que me digo.
Te narro historias que no he vivido,
porque creo para ti un universo distinto:
la utopía que anhelaría palpar y que veo en los ritmos.
Invoco al compendio de elementos,
unificados por ausencia; en mí son carencias.
Ni viento que hable, ni fuego que arda.
No hay chispas; el corazón no dilata.
Ni plantas como entrañas; se tropiezan las palabras.
Se fuga el aire, cobarde ante las verdades.
Se muere la tierra, porque se apagan las promesas.
No hay palabras de aliento,
pero arrastro ese duelo,
como mi fatal intento.
Soy la ausencia que corre por el verso.
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